Aquella gran diversidad de platos, estaban compuestos con las diferentes partes del cerdo.
El pan estaba amasado con la manteca de este animal.
Los frascos estaban llenos de licores.
—Agua y pan de avena, dijo Jask.
—Deja eso para los miserables, señor, dijo el génio; ¿qué importa la ley? tienes hambre y sed, estás cansado, come, bebe, reposa, si no morirás.
—¡Dichoso del que muere alimentando su alma con el temor de Dios! dijo Jask.
Entonces los manjares y la tienda y el génio, desaparecieron.
Jask habia triunfado de la tentacion de la gula, como de las tentaciones anteriores.
Pero se encontraba marchando por un terreno mas árido y quebrado, bajo los rayos de un sol abrasador.
—¡Oh, Señor, Señor, sostenme! esclamó; ¡dame tu fortaleza, porque me siento desfallecer!