Jask despertó, despertó á su perro, y despertó al caballo.
Entonces Jask, tomó el saco donde llevaba el pienso de su cabalgadura, le vació, y le llenó de la sal cuajada entre las rocas.
Cuando le hubo llenado, Jask montó de nuevo á caballo y dijo al perro-leon:
—Hermano mio, llévame al campo de los jigantes.
El perro partió á la carrera bordeando la laguna salada.
El caballo le seguia rápido como una exhalacion.
Muy pronto la laguna se quedó atrás.
Se acercaban á una selva de árboles jigantescos, de negros follajes, y en cuyo seno solo se veian tinieblas.
El perro se lanzó en aquella selva.
Le siguió el caballo.