Desnudos y negros y feroces eran, con pinos por clavas en las manos.
En medio de ellos ondeaba una bandera, tan grande como una gran nube, y que ocultaba los rayos del sol.
Y adelantaban los jigantes con la velocidad de la tormenta.
Cuando estuvieron cerca, Jask escitó á su hermano y aguijó á su corcel.
El perro y el caballo, aunque estremecidos de terror, se lanzaron de frente contra los jigantes.
Jask llevaba un puñado de sal en la mano.
Cuando ya le separaba muy poca distancia de los monstruos, cuando sus jigantescos cuerpos le daban sombra, cuando casi podian alcanzarse con las clavas, cuando le rodearon rugientes y amenazadores, Jask arrojó á su alrededor el puñado de sal que tenia en la mano.
Entonces los primeros jigantes, los que estaban mas próximos á Jask, se detuvieron y quedaron inmóviles; sus formas se hincharon; de negros que eran se convirtieron en rojos, y al cabo quedaron convertidos en enormes rocas.
Jask pasó entre ellos arrojando á derecha é izquierda puñados de sal.
A medida que adelantaba, quedaban á los dos lados en su marcha rocas y rocas; rocas que habian sido jigantes.