—¿Y cuál es esa esperanza?
—Aparta de tí á tu hija Zairah.
—¡A la prenda de mi amor!
—No la veas jamás.
—¡Ah!
—Pon entre tu reino y el lugar donde se encuentre los mares.
—¡Desdichado de mí!
—Entrega su crianza á varones justos y mugeres virtuosas, que no sepan que es hija de rey.
—¿Y para qué eso?
—Para que sea como si tu hija no hubiera nacido.