—Si así salvo su alma y la de mis otros hijos, lo haré.

—Además procura que tu hija no sea vista mas que durante su primera edad por los que pusieres á su lado para que aprenda á conocer á Dios. Luego, que nadie la vea ni ella pueda ver á nadie.

—¡Desdichada hija mia!

—Así acaso se librará de su funesto destino, y del crímen tus otros hijos.

—Cúmplase la voluntad de Dios.

—Pero para que esa dudosa esperanza se realice, es necesario que apartes de tí á Zairah antes que tu esposa dé á luz á otro hijo.

Y los sabios se inclinaron profundamente ante Jask y le dejaron solo.

XXXVIII.

Era Jask tan temeroso de Dios, que no vaciló en arrostrar el nuevo y terrible sacrificio que el Señor le exigía.

Aprovechando la ocasion del paso de los árabes á España, una noche, convirtiéndose en ladron de sí mismo, penetró en las habitaciones donde se criaba su hija y la robó recatadamente, y la sacó de su palacio.