—¿Esa muger ha muerto?

—No.

—¿Vive?

—Sí. Contémplame bien: yo soy su espíritu, que vago buscando el amor sobre la tierra, y el destino me ha traido á tí.

—¿Que buscas tú el amor?... ¿Pues cómo no te busca el amor á tí?

—He nacido para vivir sola; para morir sola.

—¡Ah! yo te amo, dijo Kaibar.

Y adelantó hácia la jóven.

Pero la jóven siguió delante de él ligera y feble como llevada á impulsos del vientecillo de la tarde.

—¡Oh! ¡yo te amo, y si no eres mia... moriré! dijo Kaibar estendiendo los brazos hácia la hermosa.