—Sí.

—Pues toma en buen hora mi alma.

El diablo metió la mano debajo de su túnica y sacó un pedazo de caña, con la cual se habia hecho una especie de tubo, cerrado por un nudo natural en la parte inferior, y tapado con un pedazo de pino en la parte superior.

El diablo quitó aquel tapon y mostró á Kaibar el interior de la caña, relleno de una especie de pomada verde.

—Esta es la hiel de un enamorado loco que se ahorcó por una muger que no le amaba, dijo Satanás.

—¿Y para qué sirve este unto?

—Cuando quisieres penetrar hasta Zairah, úntate con él las sienes, sobre el corazon, en las palmas de las manos y en las plantas de los pies y pronuncia su nombre.

El diablo entregó la caña con su contenido maldito á Kaibar.

Kaibar se untó inmediatamente con aquella verde pomada las partes que el diablo le habia dicho, y pronunció el nombre de Zairah.

Aun no habia acabado de pronunciarle, cuando se encontró sobre una montaña al pie de un castillo, junto al muro de unos jardines.