Una muger jóven, negra y hermosa, adelantaba sobre un caballo negro, precedida por un perro, y seguida por un caballero armado con armas negras, ginete en otro poderoso caballo.

XLIII.

Al ver la dama á Kaibar se estremeció.

El perro-leon rugió.

El caballo se encabritó y luego partió á la carrera.

Tras el caballo que conducia á la jóven, partió el del caballero del arnés negro.

Kaibar con la pujanza de un jigante, siguió á la carrera al caballo que conducia la dama.

El destino habia reunido á los tres hermanos.

Muy pronto, y por distinto camino, se perdieron el caballo de la dama negra, y el del caballero del negro arnés.

—¡Y cosa estraña!