—Como esa era.

—Toma, pues, dijo el príncipe; quiero que tu sueño se realice.

El kadí se apoderó con ánsia de la bolsa.

—Pero dime lo que dijiste al diablo en mi figura; dijo el príncipe.

—Yo, dijo el kadí, dije al diablo: tú eres hijo de un rey.

—¡Hijo de un rey! ¡de un rey poderoso!

—Sí, de un rey que tiene sus dominios en los linderos del Desierto.

—¿Y cómo se llama ese rey?

—Lo mismo me preguntó el diablo, pero yo no quise contestar; entonces me enseñó una hermosa sortija con una gruesa esmeralda y me dijo: tuya es si me declaras el nombre de mi padre.

—Hé aquí la sortija, dijo el príncipe quitándose de un dedo de la mano izquierda una magnífica esmeralda.