El kadí se apoderó de la sortija con doble ánsia que con la que se habia apoderado de la bolsa.

—Tu padre se llama Jask-Al-bahul, dijo el kadí.

—Y dime, ¿tiene mi padre otros hijos? y téngalos ó no, ¿por qué me ha separado de sí?

—Esta misma pregunta me hizo el diablo, repuso el kadí, pero yo callé; entonces el diablo me enseñó un largo rosario de corales y diamantes, y me dijo:

—Esta joya es preciosa; si me revelas mi historia te la doy.

—Toma, toma, dijo el príncipe sacando do su seno un hermoso rosario de corales y diamantes; pero cuéntame mi historia.

El kadí se apoderó del rosario, y contó á Jacub la historia de su padre y el horóscopo suyo y el de sus hermanos.

Jask á nadie habia revelado aquel secreto, pero lo sabia el diablo que todo lo sabe, y tomando la figura del kadí, que dormia en otro aposento, habia revelado al jóven príncipe su destino, y al revelárselo se habia valido de aquellas trazas para quitarle el bolsillo, la sortija y el rosario, que eran tres talismanes que debian proteger al príncipe contra la desgracia.

Cuando el príncipe supo su historia, dijo:

—¡Ah! por noble y alta y poderosa que sea la princesa que me enamora, yo soy tambien alto, noble y poderoso; ¿pero dónde está esta princesa, cuya voz he oido dulce y enamorada, como viniendo de la inmensidad?