Ven que yo te amo.
Y mi amor es vírgen, vírgen como el primer perfume de las pequeñas violetas azules y amarillas que orlan los bordes de mis búcaros en la primavera.
Ven, amado de mi alma, que soy hermosa.
Ven, y yo seré para tí la paloma amante que arrullará tu sueño.
Tú serás para mí el cedro oloroso y fuerte donde anida la paloma.
Ven, amado de mi alma, si existes; y si no existes, huye de mi pensamiento, fantasma tentador, y no me atormentes.
De improviso calló Zairah.
Habia sentido pisadas, unas pisadas que la eran desconocidas.
Sonó una puerta, y las pisadas se sintieron mas próximas.
Abrióse por fin la puerta del compartimiento donde se encontraba Zairah, y apareció Jacub.