XLV.

Zairah se puso de pie.

Al verla Jacub tan hermosa, tan deslumbrante, retrocedió y quedó inmóvil.

—¿Quién eres tú? dijo Zairah con voz dulce, adelantando hácia él.

—Yo te amo, dijo Jacub saliendo á su encuentro.

Y Zairah vió en Jacub al amante de su vision.

Y Jacub vió en Zairah á la amada de su pensamiento.

—Y yo te amo, dijo Zairah, arrojándose en los brazos de Jacub.

Entonces resonó leve, amarga, distante como venida de la inmensidad una carcajada horrible.

Una carcajada del infierno.