Cuánto te amo. Creo que tu amor me ha dado una nueva vida.

Y sí, sí; me estoy viendo en mi hermoso espejo de plata y estoy mas blanca, mas blanca: y mis ojos y mis cabellos son mas negros.

—¡Blanca! ¡blanca! esclamó con terror Jacub.

Y miró al espejo en que se miraba la jóven.

Y su terror se aumentó.

En efecto, en el espejo Zairah parecia blanca, de una manera deslumbradora.

Pero cuando la miraba Jacub, la veia negra.

¿Qué podia ser aquello?

Y Zairah esclamaba:

—¡Huyamos, amado mio! ¡huyamos! porque si te encuentran aquí te matarán.