Jask queria ponerse entre ambos jóvenes; pero en el punto en que lo pretendia, sus ojos se nublaban, zumbaban sus oidos y un frio de muerte helaba su corazon.
Este sueño se repitió siete veces consecutivas.
Entonces, lleno de un vago terror, Jask hizo que sus astrólogos consultasen las estrellas.
Y los astrólogos le dijeron:
—Señor, tú tienes una hija y dos hijos.
En otro tiempo, por consejo de tus astrólogos, que habian consultado por tu mandato el libro infinito, alejaste de tí á tu hija y procuraste que de nadie fuese vista.
—Es verdad.
—Mas tarde separaste de tí á tus otros dos hijos; enviaste el uno al Oriente y el otro al Occidente, y procuraste que no conociese su origen.
—Es verdad.