—Pero yo te amo del mismo modo, con toda mi alma, dijo.
—¡Oh! ¡no! ¡no! he soñado...
—¿Pero qué has soñado?
—Me parece que acabo de despertar del sueño, un sueño de sangre.
—¿De sangre?..
—Sí.
—El terror de que estabas poseida....
—¿Dime que se ha hecho del buen caballero que nos dijo que éramos hermanos?
—Se fué, contestó con voz ronca Jacub.
—¡Se fué! ¿y aquel otro hombre horrible de la cabellera roja?