—¿El que te perseguia?

—Sí.

—Se fué tambien.

—Mira, yo los he visto en el sueño sombrío que acaba de pasar por mí.

—¿Que los has visto?

—Sí, ensangrentados y pálidos.

—No, no puede ser, esclamó Jacub, cuya turbacion crecia.

—Sí, sí, el caballero melancólico, grave, tenia abierto el pecho de una puñalada, y corria la sangre de la herida, y me miraba con dolor.

—¡Ah! no, no.

—Le he visto...