—¡Cómo!
—No he acabado de decirte mi sueño: soñaba lo que está aconteciendo ahora mismo; en medio de los dos habia un perro horrible, tú pugnabas por acercarte á mí, el perro gruñia de una manera amenazadora y tú seguias acercándote como te acercas; al fin me asías una mano, y el perro, el perro nos arrastraba á los dos...
En aquel momento Jacub asió la mano de Zairah.
Un estremecimiento poderoso, un frio horrible, pasó por el cuerpo de los dos hermanos, y el perro lanzando roncos, desesperados ladridos, se lanzó en la sima.
Y como arrastrados, como atraidos por él, se precipitaron tambien en la sima los dos hermanos asidos de las manos.
LII.
Y al caer los dos hermanos en la sima, un alarido atronador, un coro infernal de voces condenadas se levantó sobre ella.
«Nuestra raza maldita, se ha estinguido en la maldicion.
»La torre se levantará sobre la sima, y con la torre el castillo resplandeciente.
»Y pasarán para esto centenares de años.