Sin embargo, á pesar de lo mortal de la herida, al mismo tiempo que Gonzalo montaba en su caballo con María, desmayada aun, Masud montó en otro que tenia del diestro un esclavo, y partió á la carrera tras Gonzalo.
Delante del caballo que montaba Masud, corria ladrando el perro-leon, el lanudo perro hermano de Jask Al-bahul.
Cuando Gonzalo hubo salido del barranco notó que le seguian.
Al notarlo notó tambien que quien le seguia era un hombre solo.
Entonces revolvió su caballo, y acometió con la espada desnuda á Masud.
Masud sorprendido, sin tener tiempo de enristrar su lanza, encabritó para defenderse su caballo.
La espada de Gonzalo brilló como un relámpago, y la cabeza del caballo rodó por tierra.
Entonces aquel caballo sin cabeza, arrastró consigo á su ginete, siguiendo siempre al perro que ladraba, y perro, caballo y hombre, se encontraron en una magnífica cámara, sostenida por columnas y arcos calados en el fondo de la torre de los Siete Suelos.
Apenas se encontraron allí, el caballo quedó inmóvil en el centro de aquella magnífica cámara, el perro se echó á sus pies y se durmió, Masud-Almoharaví, el hombre condenado, se apoyó en su lanza, inclinó la cabeza y se durmió tambien.
Gonzalo y María entretanto, adelantaban hácia la frontera cristiana.