Desde allí volvió á pedir socorro al nuevo emir de Fez.

Entretanto, el usurpador Ismail-Ebn-Juzef ocupaba el trono de la Alhambra.

Era de buena estatura, y tan bello, que parecia una muger hermosa, pero tenia tambien el ánimo afeminado, débil, y dado á los deleites y al amor de las mugeres.

Su cuñado Abu-Albdallah-Abu-Sayd, que le habia ayudado á subir al trono, le trataba con desprecio, y muy pronto su ambicion no se satisfizo con mandar á nombre del débil rey, sino que quiso su corona.

Otra nueva conspiracion ensangrentó la Alhambra.

Abu-Sayd y sus parciales se apoderaron del alcázar, y el usurpador Ismail se vió obligado á huir al palacio del Albaicin, donde fué cercado y preso, y conducido á la Alhambra á la presencia de Abu-Sayd.

Este le trató con desprecio, le despojó de sus magníficas vestiduras y le envió á una prision.

En el camino, los soldados que le conducian, le mataron de órden de Abu-Sayd, y le cortaron la cabeza, que fué paseada en público.

De la misma manera cortaron la cabeza á su hermano menor el infante Caís.

Nadie se atrevió á recoger los cuerpos despedazados de los dos infelices infantes, que se pudrieron al aire, colmando el horror de aquella traicion miserable.