En una algara en que los walíes de Abu-Sayd, habian desbaratado á los fronteros de Andalucía, quedaron prisioneros muchos nobles de Castilla, y entre ellos al maestre de Calatrava don Diego Garcia de Padilla, hermano de la esposa del rey don Pedro[96], y los llevaron á Granada en triunfo.
El rey Abu-Sayd, pensando captarse la voluntad del rey don Pedro, honró y festejó al maestre y á los nobles castellanos que con él habian sido prisioneros, les dió ricos dones, y los puso con el maestre en libertad, suplicándoles interpusiesen su favor para que el rey de Castilla les ayudase, y así se lo prometieron.
En este tiempo los de Málaga, cansados de la tiranía de Abu-Sayd, proclamaron á Muhamad, y esta noticia que Abu-Sayd no esperaba, le sorprendió y le llenó de cuidado, haciéndole desconfiar de la suerte que hasta entonces le habia sido próspera.
Aumentaban sus recelos las contínuas deslealtades de sus mas privados y favorecidos que le abandonaban, y se pasaban á Muhamad, á quien empezaba á mostrarse próspera la fortuna, y al mismo tiempo le apuraba la falta de sus rentas administradas por manos poco fieles.
Apurado, pues, por todas partes, tomó una resolucion peligrosísima.
Creyó que le convenia pasar á Castilla y ponerse á la merced del rey don Pedro.
Partió, pues, de Granada el mal aconsejado Abu-Sayd con pompa y aparato y gran comitiva de caballeros, y con ricas joyas de su tesoro, así en pedrería de esmeraldas y balajes, como en aljófar y tejidos de oro y seda y ricos paños, y gran cantidad de doblas de oro, y caballos y jaeces y armas finas y bien labradas, creyendo que con esto, el rey de Castilla, que era codicioso, se pondria de su parte.
Llegó al fin á Sevilla, donde fué muy bien recibido por el rey don Pedro.
Pero aconsejado este por sus privados, acordó que Abu-Sayd debia morir, como usurpador del reino de Granada, enemigo del rey Muhamad, aliado del rey de Castilla, y por el mal que le habia hecho al rey, aliándose con el rey de Aragon su enemigo.
Determinado esto, quebrantando el rey de Castilla el seguro que habia dado á Abu-Sayd, le prendió con los caballeros, le sacó al campo de Tablado, vestido de encarnado, y allí, atado Abu-Sayd á una estaca, el rey de Castilla le mató de una lanzada por su propia mano.