«Mil torres me guardan;
cien mil campeones
dispuestos aguardan
á tus infanzones.»

Así tú decias;
así tú mentias
Granada es perjura,
¡grande desventura!

Un infiel maldito
del Abencerrage,
tiene el heredaje:
¡así estaba escrito!

Raza de valientes:
¿Quién te esterminó?
ciudad de las fuentes
¿quién te cautivó?

Alhambra querida
mansion del placer:
¿para qué es la vida
si no te he de ver?

Al ver ante la ciudad el ejército de Castilla, los caballeros de Granada salieron contra él empeñando reñidas escaramuzas, hasta que al fin se empeñó una batalla campal que fué muy sangrienta, peleando con gran valor tanto los cristianos como los moros.

La matanza fué horrible por ambas partes, y la batalla se mantuvo igual todo el dia, hasta que á la tarde empezaron á ceder los moros, y al amparo de la noche dejaron el campo.

Aquella fué la batalla mas lamentable que tuvo el reino de Granada, que perdió en ella la flor de sus caballeros, y se vió combatida por sus propios hijos.

Llenáronse de tristeza los habitantes, pero la serenidad de ánimo del rey Al-Hayzarí, no les dejó tomar otro partido que el de la defensa.

Un fuerte temblor de tierra, coincidiendo con esta derrota, vino á aterrar á los de Granada, que supersticiosos de suyo, vieron en aquel accidente, puramente físico, el augurio de nuevas desdichas.