Pero el rey de Castilla se contentó con talar la vega, y levantó el campo con gran despecho del ambicioso Al-Hhamar, y se trasladó á Córdoba.
Allí, para consolar á Jusef-Ebn-Al-Hhamar de su despecho, y á sus gentes de la desconfianza en que habian caido, obligados á abandonar, por su rebeldía al rey Al-Hayzarí, sus haciendas y su patria, mandó proclamar rey de Granada á Juzef-Ebn-Al-Hhamar delante de su corte y de su ejército que solemnizó la proclamacion; ofrecióle de nuevo ponerle en el trono de Granada, y allí mismo encargó á los adelantados de las fronteras, que ayudasen á Al-Hhamar hasta conseguirlo.
Esta proclamacion de Al-Hhamar en la córte y campo del de Castilla produjo gran efecto en Granada en daño de Al-Hayzarí: muchos pueblos del rey se levantaron por Al-Hhamar, se le entregó Montefrío, y con la ayuda de los fronteros cristianos se apoderó de los pueblos y fortalezas de Illora, Cambil, Alabar, Ortejicar, Tajarja, Hins-Haleux, Ronda y la ciudad de Loja, de donde salieron para unírsele cuatrocientos caballeros; en Ardales otorgó su carta de vasallaje al rey de Castilla, obligándose á pagarle cada año cierta cantidad de doblas de oro, á ayudarle como vasallo en sus guerras con mil y quinientos caballos, y á acudir á sus cortes cuando las celebrase en cualquier lugar desde mas acá de Toledo hácia Granada.
Despues de este otorgamiento, Al-Hhamar marchó con un respetable ejército sobre la córte de Al-Hayzarí, que movió contra él á su wisir Juzef-Ebn-Zeragh, que llegando á las manos con los invasores, murió en la vega peleando como un leon, al decir de las crónicas árabes. La muerte de este bravo caudillo, causó la confusion y el espanto en el ejército de Al-Hayzarí, que entró en desórden en Granada, ponderando lo innumerable del ejército que los habia vencido, y que la mayor parte de los del rey Al-Hayzarí, habian sido muertos porque los enemigos no tomaban á prision.
Despues de esta victoria de Al-Hhamar, casi todas las taas del reino le proclamaron, y temiendo á las talas y desastres de la guerra, llegaban de todas partes á rendir homenage al vencedor.
Robustecido ya, legitimado por la victoria (el Korán da el califato al vencedor) Juzef-Ebn-Al-Hhamar marchó desde Illora sobre Granada, que se alborotó á su aproximacion, y los nobles y los principales vecinos se presentaron á Al-Hayzarí, y le manifestaron que era imposible la defensa, que con la resistencia se provocarian nuevos desastres, y que no le quedaba mas tiempo que el necesario para ponerse en salvo.
Viéndose, pues, abandonado de la fortuna, Muhamad-Al-Hayzarí, acompañado de sus vasallos mas fieles, llevando consigo su familia, su harem, el tesoro del alcázar y los dos hijos del rey Muhamad-Al-Zaquer, que tenia presos, huyó á la ciudad de Málaga, en cuya adhesion tenia gran confianza.
Juzef-Al-Hhamar, tuvo el buen tacto de entrar en Granada con solos doscientos caballeros, mas como guardia necesaria á su decoro de rey, que como medio de intimidacion á la ciudad.
Esta conducta produjo muy buen efecto: aquietáronse los ciudadanos, y los xeques, wazires, walíes, cadíes y alcaides del reino, salieron á recibirle, le proclamaron solemnemente rey, le juraron y le pasearon en triunfo por la ciudad.
A seguida el nuevo rey envió embajadores al rey de Castilla, confesándose agradecido vasallo suyo, y con la carta siguiente: