«Juzef-Muhamad-Ebn-Al-Hhamar, rey de Granada, vuestro vasallo, beso vuestras manos y me encomiendo á vuestra merced, á la que suplico se digne saber como partí de Illora y fuí á mi ciudad de Granada, y me salió á recibir toda la nobleza y caballería de ella, y me besaron las manos por su rey y señor y me entregaron la Alhambra, y todo esto, señor, por la gracia de Dios y vuestra fortuna. El rey Al-Hayzarí se huyó á Málaga y llevó consigo al hermano del alcaide Ahnaf, su sobrino y dos hijos del rey Muhamad-Zaquer, que dicen ha mandado degollar, y antes de partir robó estos alcázares, y se llevó cuanto en ellos habia. Ahora, señor, con la ayuda y gracia de Dios, y con el auxilio de vuestra grandeza, que Dios prospere, vá contra él vuestro adelantado don Gomez Rivera, y mis caballeros llegarán á Málaga, donde él está, y espero en Dios, que con el favor de vuestra alteza yo le habré en mis manos.»
Esta carta fué muy bien recibida por el rey don Juan, que se alegró mucho del triunfo de su vasallo, y al mismo tiempo llegó un enviado del emir de Túnez, en que éste pedia al rey de Castilla mirase por su pariente Muhamad-Al-Hayzarí, y no quisiese arruinarle ni arrojarle de su reino.
Don Juan el II se escusó con Abu-Faris, y Juzef-Ebn-Al-Hhamar continuó pacíficamente en el trono de Granada.
Pero era anciano, y á los seis meses de reinado, achacoso y débil, no pudo resistir el gran peso de los negocios del gobierno que habia tomado con demasiado fervor, y murió.
Su muerte concluyó los bandos que dividian á los granadinos, y los de una y otra bandería se unieron y llamaron y proclamaron de nuevo unánimemente al fugitivo Al-Hayzarí.
Recibió éste la noticia en Málaga, que se le habia mantenido fiel, y volvió á Granada y á ocupar por tercera vez el trono.
Nombró su wazir á Abdelbar, principalísimo caballero de Granada, y envió embajadores al rey de Castilla y al emir de Túnez, renovando con ellos su alianza y concertando treguas con los cristianos por un año, que cumplido, se prorogaron por otro mas.
Pero espirado el plazo, los fronteros entraron por las tierras de Granada y se apoderaron de la fortaleza de Beni-Maurel, al mismo tiempo que por la parte de Murcia los fronteros castellanos eran desastradamente batidos por la caballería del Algarbe, mandada por el wazir Abdelbar.
A pesar de esta ventaja por la parte de Murcia, el rompimiento de la tregua fué desventajoso para Granada, puesto que la ciudad de Huesca cayó tambien en poder de los cristianos, á pesar de la bravura con que acudió á su socorro el arraez de Baza Alcawun, que entró alguna de su gente en el castillo, rompiendo por medio de los cristianos.
En el año siguiente de ochocientos cuarenta[105] el wazir Abdelbar acometió á los cristianos en unas angosturas en el término de Archidona, y los venció, los persiguió é hizo en ellos una gran carnicería. Habian intentado los fronteros sorprender la villa por caminos estraviados, y Abdelbar, que en las citadas angosturas los esperaba, los destrozó como queda dicho, tomándoles la bandera de la órden de Alcántara, cautivando á casi todos los cristianos que no fueron muertos, y logrando salvarse milagrosamente con unos pocos el maestre de Alcántara, gracias á la velocidad de su caballo.