—Ved, caballeros, que tenemos á las puertas los cristianos, que el peligro arrecia, y que no es esta la ocasion de volver las armas los unos contra los otros, sino de ir juntos y alentados contra el enemigo de todos: ea, caballeros, bajad las armas, y mirad á Granada que llora: y si teneis sed de sangre, venid conmigo y busquémosla cristiana en el real de Santa-Fé.

Pero en vano tronaba la voz de Muza: los zegríes no obedecian y los abencerrages, que hubieran obedecido, se veian obligados á defenderse de los zegríes.

Entonces Muza dejó las persuasiones y apeló á la fuerza.

Reunió al rededor de su bandera á los africanos de la guarda del rey y á sus esclavos negros, y embistió con los zegríes.

Reforzados los abencerrages, se llevaron al fin por delante cuanto encontraron.

Los zegríes huyeron dejando sobre la plaza muchos cadáveres de los suyos, y fueron á encerrarse en el castillo de Bib-Ataubin[136].

Los abencerrages fueron á encerrarse con el rey en la Alhambra.

XIV.
EL CIPRES DE LA SULTANA.

Comprendieron los zegríes que vencidos como estaban, abandonados de todos, el rey podia hacer en ellos un terrible escarmiento.

Pensaron, pues, en engañar al rey.