La misma sultana Zoraya, la renegada á quien servian, envió á Mohamed-Adel-Zegrí, un mensagero, con el que le dijo que era necesario ganar tiempo y buscar sobre seguro otro medio de acometer al rey Boabdil.
La sultana Aixa-la-Horra por su parte, ayudada por el alcaide Muza, pugnaba en la Alhambra por decidir al rey á que cortase la cabeza á los traidores.
Pero el rey era débil y resistia.
Parecióle peligroso hacer justicia en unos caballeros tan turbulentos que tanto poder tenian y tan poderosos eran, y se avino á recibir á Mohamed-Adel-Zegrí.
El caudillo de los zegríes se esforzó por probar que un caballero zegrí que habia huido temiendo el castigo, habia sido el que por celos de una dama habia arrojado una lanza contra un abencerrage, y que el combate que despues habia seguido, habia sido una equivocacion lamentable. Que habian corrido voces en el momento de la lucha entre los zegríes de que querian destruirlos; que esto habia causado su tenaz resistencia; pero que aclarados los hechos, los zegríes no tenian el menor reparo en dar cuantas satisfacciones fueren necesarias al rey y á los abencerrages, y en renovar con ellos la antigua amistad, dando en rehenes de ella sus hijos y sus esposas.
Parecióle al rey bastante la satisfaccion de los zegríes, y los abencerrages sacrificaron su justo odio en favor de la patria: aquel mismo dia los cristianos habian corrido las dos leguas de vega que hay desde Santa-Fé á Granada; se habian estendido por una parte hasta la Azubia, y por otra hasta Viznar; y aldeanos y labradores habian entrado despavoridos en Granada.
Era, pues, necesario de todo punto la union mas estrecha entre los caballeros granadinos, el olvido de todos los odios y los esfuerzos comunes y unidos contra el enemigo comun.
Cedió, pues el rey por temor, cediendo los abencerrages por generosidad; concertaron una avenencia, y para celebrarla se dispuso una zambra en Generalife, donde debian echarse los lazos de una nueva amistad entre zegríes y abencerrages.
Llegó la noche.