No me atreví á desmentir al tio Juan, que siguió contándome con la fé mas ciega, y como hubiera podido contarme un suceso del dia anterior, la tradicion de los amores de la sultana de Granada y del abencerrage Aben-Ahmed.


Oíase desde aquel solitario jardin, perdido y ténue á lo lejos, el concierto de la fiesta que se agitaba en Generalife.

El ruiseñor, escondido en el árbol, trinaba.

La luna brillaba en la tersa é inmóvil superficie del estanque.

Los bosquecillos de laureles proyectaban misteriosas penumbras.

La brisa de la noche volaba cargada del aroma de las flores.


Entre la oscura sombra de un bosquecillo se destacaron cuatro fantasmas blancos.