Aben-Ahmed empezaba á comprender la verdad: pero se dominó sin embargo.
El rey continuó.
—Sí, es una bella historia; por los Siete Durmientes, estoy seguro que no habrás oido otra tal en toda tu vida, walí.
Escucha:
«Moraba en una ciudad fuerte y poderosa, un rey á quien todos llamaban débil y cobarde.
Todos se mofaban de él... á su espalda, porque es fama que aquel rey llevaba sus venganzas hasta la crueldad.
Y este rey, solo, perseguido de su destino, abandonado de sus vasallos, receloso de sus esclavos, llegó á encontrar triste y solitaria su morada real.
Y ten en cuenta que nunca poderoso sultan ó respetado emir, alcanzaron á ver juntos tanto oro y tantas alhajas, tantos mármoles y tantas grandezas como contenia el alcázar que aquel rey desdichado habia heredado de sus abuelos.
Aquel rey ruin, débil y cobarde, como decian sus vasallos.
Y como aquel rey tenia corazon, corazon agitado por miserables pasiones humanas, se dijo sondeando su corazon: