Cuando hubieron llegado á ella, se oyó entre el silencio una voz que gritó:

—¿Quién va?

—Haced que adelante el alférez de la guarda, contestó una de las cuatro sombras.

Levantóse el tapiz de una tienda cercana, dejándose ver el reflejo de una luz en el interior, y apareció otra sombra.

—¿Quién va? repitió.

—El Alcaide de los Donceles, contestó el primero dirigiéndose al que habia preguntado.

—Guárdete Dios, capitan, dijo aquel; ¿qué deseas?

—Salir á la vega con estos tres caballeros, que son don Alonso de Aguilar, don Manuel Ponce de Leon, y Don Juan Chacon.

Guardó silencio por un momento el alférez, como aquel á quien se pide una cosa difícil.

—¿Sabeis, caballeros, dijo al fin, que yo no puedo hacer lo que me pedís?