—Si á don Juan Chacon buscas, hermosa doncella, dijo él mismo, hablar puedes de lo que con ese caballero te importa, porque yo y mis amigos lo somos suyos en gran manera.
—Bueno será que nos separemos del camino, dijo ella metiendo su hacanea por las hazas, y entrándose en una espesa alameda que allí a mano se veia.
Los cuatro caballeros la siguieron asaz maravillados del lance.
Cuando hubieron llegado á un lugar espeso, en el cual de nadie podian ser vistos, la mora sacó del seno una carta envuelta en un paño de seda y habló á los cristianos de esta manera:
—Yo me llamo Zaruhyemal, y soy doncella de la infeliz sultana de Granada, á quien persigue el destino hasta el punto de verse obligada á pedir amparo á sus enemigos.
Detúvose la mora y creció la curiosidad de los cristianos.
Escrito estaba, continuó ella, que Granada debia llegar á ocasion de vergüenza y de mala ventura.
Para que lo escrito se cumpliese, el Dios altísimo permitió que entraran en Granada unos caballeros sin fé, mentirosos y aleves con quienes alientan la traicion y la envidia.
Ya conocereis, caballeros, que hablo de los zegríes, raza feroz del Desierto, mal avenida con la generosidad y la cortesanía de la gente de Granada, sediciosos y rebeldes, promovedores de motines y causadores del mayor crímen que vieron los tiempos pasados ni verán los venideros.
Y Zaruhyemal les refirió los encarnizados ódios de los zegríes y de los abencerrages, la traicion de las cañas, la acusacion de la sultana, y el degüello de los abencerrages.