El rey Chico descendió por las quebraduras del cerro de Al-Bahul.
De repente su caballo se detuvo como presintiendo al enemigo.
A poco apareció entre las quebraduras el conde de Tendilla don Iñigo Lopez de Mendoza, acompañado de don Pedro Gonzalez de Mendoza su hermano, gran cardenal de España, y de don Gutierre de Cárdenas, comendador mayor de Leon, de la órden de Santiago: llevaba el conde el estandarte real; el cardenal el guion de la cruz; el comendador el pendón de Santiago.
Seguian muchos capitanes á estos tres magnates, y en pos marchaban algunas banderas de infantería española.
Al ver á sus enemigos, el desdichado rey palideció y tembló.
Saludáronle sin embargo los vencedores, con la consideracion y el respeto que merece la desgracia, y mientras seguian adelante para ocupar la Alhambra, el infortunado rey descendió rápidamente por las quebraduras, llegó al sitio donde delante de su ejército esperaba el rey de Aragon, y quiso arrojarse al suelo para arrodillarse ante su vencedor.
Pero el noble Fernando V no se lo permitió, acercando á él su caballo.
Abu-Abd-Allah le besó en el brazo y le dijo:
—Tuyos somos, rey generoso y ensalzado: esta ciudad y reino te entregamos, que así lo quiere Allah, y confiamos que usarás de tu triunfo con clemencia y generosidad[160].
Despues, enmudecido por el dolor, rompiendo el llanto á sus ojos, saliendo la vergüenza á su semblante, rehusando volver á Granada con el conquistador tomó a rienda suelta seguido de sus caballeros el camino de las sierras, por alcanzar á su familia que habia salido algun tiempo antes por otro camino de la ciudad.