¡Corre, miserable rey!
¡Corre, como correrá tu llanto lejos de ese jardin de delicias donde brotan flores de púrpura bajo los rayos de un sol de oro!
¡Corre, miserable, corre, y oculta tu miseria y tu deshonra entre los pelados riscos de las Alpujarras!
Pero detente en esa aldea de Armilla.
Detente de nuevo y rinde un nuevo homenage.
Ahí en esa aldea está la reina Isabel de Castilla.
Arrójate de tu yegua, besa la mano de esa noble señora, torna á cabalgar, y huye de nuevo.
Ya las nieblas de la tarde flotan en el horizonte.
El último rayo del sol poniente refleja á lo lejos sobre las torres de Granada.