Mírale andar en coche como un conde;
La bolsa llena de oro, y por su oficio
Pregúntale por ver si te responde.

Pues ése es jugador; noble ejercicio;
Tiene en el candelero que sustenta,
Sino un condado real, un beneficio.

Y son las heredades con que cuenta,
Y aquí vive el amarre y el pegote,
Y su casa y su honor que pone en venta.

¿Ves aquel otro erguido de cogote,
Que también opulento y sin empleo
Sabe existir? pues ése es un pegote.

Sin ése nunca hay boda, ni bateo,
Ni hay ambigú, ni baile, ni banquete,
Ni hay partida de caza ó de recreo.

Al que encuentra en la calle le arremete,
Y le pide, y le hostiga, y á que al cabo
Le convide á comer le compromete.

Y no pienses hartarle con un pavo,
Porque es un sabañón, aunque un poema
Te recite al comer de cabo á rabo.

Que aun esa gracia tiene; pues no hay flema
Que aguante los sonetos que te encaja
Entre uno y otro canjilón de crema.

De todo habla incansable, y corta y raja,
Lanzando un epígrama á cada uno,
Pues no siendo sus versos, todo es paja.

¿Quién es aquél que ayer aun hecho un tuno,
Roto paseaba y andrajoso el Prado,
Y hoy no saluda en zancos á ninguno?