—Yo mismo os la prepararía... Os daría descanso y fuerzas...

—Como gustéis, Abrahem.

—La tomaréis, dijo el físico preparando unas yerbas, y podréis descansar un rato aquí mientras que paso á hablar á su alteza.

—Pero en vuestra ausencia...

—No temáis: nadie viene á mi cámara: el estudio y el retiro en que vivo alejan de mí las visitas que pudieran turbar vuestro reposo. Ningún sitio del palacio más seguro que éste; su inmediación á la cámara del rey, las muchas guardias que custodian las próximas galerías...

—No, no es que tema ningún peligro; pero...

—Perded miedo; por otra parte tenéis vuestro antifaz, que puede en todo caso guardaros de la indiscreción, y vuestras dos dueñas esperan vuestras órdenes en mi antecámara. Á la menor voz, ellas y los ballesteros...

—Decís bien.

—Perdonad si vuestros mismos intereses me obligan á dejaros sola en mi habitación; mi ausencia será corta.

—Eso deseo.