—Tomad, pues, señora, esa bebida.
—¿Pero me respondéis de su eficacia?...
—Estoy seguro de ella: apuradla.
—Ya veis si tengo confianza en el físico de su alteza; ni una sola gota he dejado.
—Obrasteis como prudente, repuso el empírico con una alegría que disimulaban mal sus ojos llenos de fuego y de esperanza. Reclinaos ahora un momento.
—No, no hay necesidad.
—Presto conoceréis sus efectos: es maravillosa la virtud de la bebida: al principio parecerá quitaros las fuerzas; pero después... y obra con una rapidez...
—Sí; paréceme que siento como pesadez...
—¿No os dije? acaso os hará dormir...
—¡Dormir, Dios mío! y aquí... ¡Abrahem!!!