«Dése usted á las matemáticas.—Ya sé sumar y restar, que es todo lo que puedo necesitar para ajustar mis cuentas.

«Aprenda usted física. Le enseñará á conocer los fenómenos menos de la naturaleza.—¿Quiere usted todavía más fenómenos que los que está uno viendo todos los días?

«Historia natural. La botánica le enseñará el conocimiento de las plantas.—¿Tengo yo cara de herbolario? Las que son de comer guisadas me las han de dar.

«La zoología le enseñará á conocer los animales y sus...—¡Ay! ¡Si viera usted cuántos animales conozco ya!

«La mineralogía le enseñará el conocimiento de los metales, de los...—Mientras no me enseñe dónde tengo de encontrar una mina, no hacemos nada.

«Estudie usted la geografía.—Ande usted, que si el día de mañana tengo que hacer un viaje, dinero es lo que necesito, y no geografía; ya sabrá el postillón el camino, que esa es su obligación, y dónde está el pueblo adonde voy.

«Lenguas.—No estudio para intérprete: si voy al extranjero, en llevando dinero ya me entenderán, que es la lengua universal.

«Humanidades, bellas letras...-¿Letras? de cambio: todo lo demás es broma.—Siquiera un poco de retórica y poesía.—Sí, sí, venga usted con coplas; ¡para retórica estoy yo! Y si por las comedias lo dice usted, yo no las tengo de hacer: traduciditas del francés me las han de dar en el teatro.

«La historia.—Demasiadas historias tengo yo en la cabeza.—Sabrá usted lo que han hecho los hombres...—¡Calle usted por Dios! ¿Quién le ha dicho á usted que cuentan las historias una sola palabra de verdad? ¡Es bueno que no sabe uno lo que pasa en casa!».

Y por último concluyeron: «Mire usted, dijo el uno, déjeme usted de quebraderos de cabeza; mayorazgo soy, y el saber es para los hombres que no tienen sobre qué caerse muertos.—Mire usted, dijo otro, mi tío es general, y ya tengo una charretera á los quince años; otra vendrá con el tiempo, y algo más, sin necesidad de quemarse las cejas; para llevar el chafarote al lado y lucir la casaca no se necesita mucha ciencia.—Mire usted, dijo el tercero, en mi familia nadie ha estudiado, porque las gentes de la sangre azul no han de ser médicos ni abogados, ni han de trabajar como la canalla... Si me quiere usted decir que don Fulano se granjeó un grande empleo por su ciencia y su saber, ¡buen provecho! ¿quién será él cuando ha estudiado? Yo no quiero degradarme.—Mire usted, concluyó el último, verdad es que yo no tengo grandes riquezas, pero tengo tal cual letra; ya he logrado meter la cabeza en rentas por empeños de mi madre; un amigo nunca me ha de faltar, ni un empleillo de mala muerte; y para ser oficinista no es preciso ser ningún catedrático de Alcalá ni de Salamanca».