—No me levantaré, señor, mientras no sepa que nadie en lo sucesivo podrá decir impunemente á un hidalgo: «No ha lugar á pacto entre nosotros, pues no eres caballero». Ármame, señor. Si mis largos servicios te fueron gratos, si pasando de la clase de doncel, en que fuí admitido á tu servicio, á la honrosísima que ocupo hoy á tu lado, no dejé nunca de cumplir con esas sagradas obligaciones que los más grandes señores no se desdeñan de ejercer; si desempeñé los deberes de la hospitalidad con tus huéspedes, y los de la mesa contigo; si fué siempre la fidelidad mi primera virtud; si has tenido pruebas de mi valor alguna vez, confiéreme, señor, esa orden tan deseada. Y si no bastan mis méritos, bástame esa hidalguía, de que en balde blasono si puede cualquiera deshonrarme impunemente como á villano pechero.

—Alzad, Vadillo, dijo don Enrique viendo que había acabado su petición el afligido escudero. Por mucho que me sorprenda vuestra demanda en esta coyuntura, continuó, por mucho que me dé que recelar, mal pudiera negaros una gracia á que sois, Vadillo, tan acreedor.

—Guarde el cielo, señor, tu grandeza...

—Remitid, Vadillo, vanos cumplimientos. Os armaré: os lo prometí en pública corte no ha mucho tiempo, y torno á repetíroslo ahora. Pero decidme, ¿qué causa en esta ocasión más que en otra?...

—Tu honor y el mío. Has sido calumniado, atrozmente calumniado; porque tú me dijiste, señor...

—Calumniado, sí, Vadillo, calumniado. Pongo al cielo por testigo que podéis, fiado en la justicia de mi causa...

—Bástame tu palabra á desvanecer mis dudas todas. Quiero, pues, que mi primer hecho de armas, en que gane mi divisa, sea la defensa de mi señor. Yo alcé en tu nombre el guante que un mancebo temerario arrojó públicamente en testimonio de desafío. Yo responderé de él: si tu causa es justa, la victoria es segura.

—¿Cómo pudiera no aceptar vuestra generosa oferta, Hernán Pérez? Quédame sin embargo una duda: duda que en obsequio vuestro quisiera desvanecer. Solos estamos: abridme vuestro corazón: decidme, ¿no tenéis alguna otra causa que os mueva?...

—Señor...

—¿Presumís que puede tenerse noticia de vuestro encuentro con Macías en el soto... y del arrojo con que os adelantasteis en la corte á alzar el guante al punto que visteis ser él el mantenedor de la acusación, sin sospechar al mismo tiempo que causas muy poderosas?... Hablad...