—¿Qué decís?

—No huye la indiferencia, ni se enoja. ¿Y nunca la habéis hablado?

—¡Ah! por mi desgracia una vez...

—¡Por vuestra desgracia! ¿Le dijisteis?...

—Menos de lo que siento, pero lo dije...

—¿Y respondió?

—¡Mas cómo respondió!!

—¿Os respondió que no, que la ofendíais... que huyeseis... que?...

—¡Abenzarsal!

—¿De qué, pues, os quejáis? ¿queríais, mozo inexperto y precipitado, que una mujer virtuosa, una mujer que debe á su esposo?...