Eres mujer finalmente.
Rom. de Zaide á Zaida
Jaime, decía una mañana Elvira á su paje, que sentado á sus pies la miraba de hito en hito con ojos ora tiernos, ora indagadores: Jaime, ¿te habló hoy Fernán Pérez á ti?
—¿Á mí? prima mía, ya sabéis que no soy santo de su devoción; siempre que me ve hablando con vos más de lo regular, hay motivo bastante ya para que tenga mala cara un día entero. Sin embargo, nunca le hice mal alguno; antes le deseo mucho bien, porque os lo deseo á vos. Conque si no os ha hablado, lo que es á mí...
—¡Ah! tampoco; no sé qué secreta melancolía le devora desde la noche...
—Sí, aquella noche en que...
—No la recuerdes: mi falta de confianza acaso... el paso que di... si llegó á cerciorarse de que era yo...
—Pudiera ser, pero me parece que tiene alguna cosa más.
—¿Qué cosa?
—Yo he oído decir que los celosos hacen lo mismo que vuestro esposo.