Ese aplauso que escuchas y alegría,
De gratitud son muestras generosas,
Que hasta el trono, Señor, tu pueblo envía;

Tu pueblo, que con lágrimas copiosas
De antiguas glorias los recuerdos tristes
Llora, y por cuyo bien nunca reposas.

Tú á la España benéfico infundistes
Nuevo aliento, Señor; tú á glorias nuevas
Con tu noble tesón la dispusistes.

Y acaso tornarán. Ilustres pruebas
Responden de tu amor por todas partes;
Tú con las ciencias hasta el cielo elevas

El esplendor hermoso de las artes;
Dasles hogar[5], y premios y laureles
Á sus alumnos tímidos repartes.

Tú un santuario sublime á los Apeles[6],
Á los Zeuxis de España consagrando,
Y á sus Fidias también y Praxiteles[7],

Para la patria en él irás formando
Canos, Murillos, cuya falta llora,
Émulos dignos del romúleo bando;

Tú á la dulce armonía halagadora
Digna escuela ofreciste[8]. Tú levantas
Con tu pródiga mano bienhechora

Nuevo templo á las musas[9]. ¡Oh! de cuántas
Naciones envidiado, que descuella
Mayor grandeza entre grandezas tantas.

Tú al Terencio español la honra más bella,
La recompensa das más esplendente,
Que nunca pudo ambicionar su estrella[10].