«Hijos míos, dijo con voz bien diversa de la que solía tener cuando hablaba claro, porque es de advertir que á lo último ya apenas se le entendía: hijos míos, os reúno porque no quiero que se diga de mí que morí sin hacer disposición alguna, ni declaré mi verdadero modo de pensar, que si no fuese el verdadero, porque esto ni yo lo sé, será por lo menos el último; pues os advierto que yo también tuve varios modos de pensar, y tuviera más, si más lugar me diera la muerte, que me siento aquí, que me aprieta en la misma garganta. Ni menos quiero que se diga que murió sin decir oxte ni moxte quien sólo de hablar vivió, que esto fuera mengua.

«En cuanto á bienes, harto sabéis, queridos míos, que nada tengo que dejar sino el mundo en que he vivido, y ése bien sabe Dios que no le dejo yo, sino que me le hacen dejar mal que me pese. Ni necesito hacer ninguna declaración de pobre, porque bien público y notorio es que he sido poeta, que me dediqué desde chiquito á las letras en este país, que he sido hombre de bien y de honor, que no he sido intrigante ni adulador, ni yo anduve nunca en empréstitos ajenos y ganancias propias, ni tuve mujer bonita ni hija que lo pareciese, ni tío obispo ó padre covachuelo. Así que, ¿por dónde he de ser rico?

«Dejo, pues, lo poco que se halla, si se halla algo, para misas por mi ánima, porque no las tengo todas conmigo; y si se quejase mi hijo que le dejo por ello sin eso poco que le quedaría, que tenga paciencia, que primero son mis gustos que sus necesidades, y mi alma que su cuerpo.

«Declaro y confieso en la hora de mi muerte, y como si me hallase en ella, que tengo miedo, y que de miedo muero; lo cual no me da vergüenza, así como hay otras cosas que tampoco se la dan á otros; antes me da mucha pena y estoy muy arrepentido de no haberlo tenido un poco antes. ¡Cómo ha de ser! Todo no se puede hacer á un tiempo.

«Ítem más: en consideración á que conozco muchas personas que están buenas y gordas y bien establecidas que se han retractado de sus opiniones ó expresiones, siempre que han creído serles conveniente ó venir muy al caso, en consideración á esto, me retracto no sólo de todo lo que he dicho, sino también de lo que me he dejado por decir, que no es poco. Y esta retractación deberá entenderse reservándome el derecho de volverme á retractar cuanto y como me acomodare, si vivo, y así sucesivamente hasta el fin de los siglos; porque ésta es mi voluntad, y en cosas de cada uno nadie tiene que mezclarse; siempre tuve mis opiniones como mis vestidos, y cada día me puse uno, en lo cual batuecos hay que no tienen nada que echarme en cara.

«Á propósito de batuecos, declaro que los batuecos no son tales batuecos por más que lo parezcan: me arrepiento de habérselo llamado, siendo ésta una de las primeras cosas de que me retracto, y agradeciéndoles sin embargo la bondad con que han llevado esta impertinencia mía.

«Arrepiéntome en la hora de la muerte, y me pesa de lo poquillo que en esta vida he sabido, porque no me ha servido sino de dogal; y hago voto de no volver á saber cosa de provecho si de ésta me saca con bien la divina Majestad; y si hubiese de resucitar, como ya por su gran poder en ocasiones se ha visto, lo cual sin embargo no creo que se guarde para pecadores como yo, prometo de no volver á mirar libro alguno sino por defuera, dando siempre mi voto por la pasta».

«Aquí fué preciso reforzarle algo, lo que logramos leyéndole algunos rengloncitos de las últimas loas, por ser muy espirituosas: moríasenos por instantes, pero algo repuesto siguió:

«En cuanto á mi amigo, que dice lo es, Andrés Niporesas, que no firme en mis disposiciones testamentarias, aunque fuere de ellas testigo, sin embargo de que ya veo que no está presente. Insisto con todo en lo dicho, porque he conocido testigos ausentes. Si da cuenta al público de mi fallecimiento, como es de esperar, que no firme tampoco. Y esto lo dispongo así, porque no parezca burla ó chacota mi muerte ni mi arrepentimiento si ve el público malicioso que concluye con lo de Niporesas.

«Mándole que me agradezca esta satisfacción que de mi voluntad le doy, puesto que pudiera excusármela; á muchos conozco yo que cuando mandan no dan nunca satisfacciones, y tengo para mí que no van descaminados.