C. Cortés
EL POBRECITO HABLADOR
DOS PALABRAS
No tratamos de redactar un periódico: 1.º porque no nos creemos ni con facultad ni con ciencia para tan vasta empresa; 2.º porque no gustamos de adoptar sujeciones, y mucho menos de imponérnoslas nosotros mismos. Emitir nuestras ideas tales cuales se nos ocurran, ó las de otro tales cuales las encontremos para divertir al público, en folletos sueltos de poco volumen y de menos precio, este es nuestro objeto; porque en cuanto á aquello de instruirle, como suelen decir arrogantemente los que escriben de profesión ó por casualidad para el público, ni tenemos la presunción de creer saber más que él, ni estamos muy seguros de que él lea con ese objeto cuando lee. No siendo nuestra intención sino divertirle, no seremos escrupulosos en la elección de los medios, siempre que estos no puedan acarrear perjuicio nuestro, ni de tercero, siempre que sean lícitos, honrados y decorosos.
Á nadie se ofenderá, á lo menos á sabiendas; de nadie bosquejaremos retratos; si algunas caricaturas por casualidad se pareciesen á alguien, en lugar de corregir nosotros el retrato, aconsejamos al original que se corrija; en su mano estará, pues, que deje de parecérsele. Adoptamos por consiguiente con gusto toda la responsabilidad que conocemos del epíteto satírico que nos hemos echado encima; solo protestamos que nuestra sátira no será nunca personal, al paso que consideramos la sátira de los vicios, de las ridiculeces y de las cosas, útil, necesaria, y sobre todo muy divertida.
Siendo nuestro objeto divertir por cualquier medio, cuando no se le ocurra á nuestra pobre imaginación nada que nos parezca suficiente ó satisfactorio, declaramos francamente que robaremos donde podamos nuestros materiales, publicándolos íntegros ó mutilados, traducidos, arreglados ó refundidos, citando la fuente, ó apropiándonoslos descaradamente, porque como pobres habladores hablamos lo nuestro y lo ajeno, seguros de que al público lo que le importa en lo que se le da impreso no es el nombre del escritor, sino la calidad del escrito, y de que vale más divertir con cosas ajenas que fastidiar con las propias. Concurriremos á las obras de otros como los faltos de ropa á los bailes del carnaval pasado; llevaremos nuestro miserable ingenio, le cambiaremos por el bueno de los demás, y con ribetes distintos lo prohijaremos, como lo hacen muchos sin decirlo; de modo que habrá artículos que sean una capa ajena con embozos nuevos. El de hoy será de esta laya. Además ¿quién nos podrá negar que semejantes artículos nos pertenezcan después de que los hayamos robado? Nuestros serán indudablemente por derecho de conquista. Habrálos también sin embargo enteramente nuestros.
Siguiendo este sistema no podemos fijar las materias de que hablaremos; sabemos poco, y aún sabemos menos lo que se nos podrá ocurrir, ó lo que podremos encontrar. Reirnos de las ridiculeces; esta es nuestra divisa: ser leídos; este es nuestro objeto: decir la verdad; este nuestro medio.
Aunque nos damos tratamiento de nos, bueno es advertir que no somos más que uno, es decir, que no somos lo que parecemos; pero no presumimos tampoco ser más ni menos que nuestros coescritores de la época.
EL POBRECITO HABLADOR