Andrés Niporesas.
Nota. Sabedor el autor de esta carta de que se ha introducido la moda de terminar las cuestiones literarias por medio de duelos ó quebrantos de huesos, advierte al público que en su redacción no se admiten palizas ni desafíos.
EL DONCEL DE DON ENRIQUE EL DOLIENTE
EL DONCEL DE
DON ENRIQUE EL DOLIENTE
CAPÍTULO I
Mis arreos son las armas
Mi descanso es pelear,
Mi cama las duras peñas,
Mi dormir siempre el velar.
Cancionero general
Antes de enseñar el primer cabo de nuestra narración fidedigna, no nos parece inútil advertir á aquellas personas en demasía bondadosas que nos quieran prestar su atención, que si han de seguirnos en el laberinto de sucesos que vamos á enlazar unos con otros en obsequio de su solaz, han menester trasladarse con nosotros á épocas distantes y á siglos remotos, para vivir, digámoslo así, en otro orden de sociedad en nada semejante á este que en el siglo XIX marca la adelantada civilización de la culta Europa. Tiempos felices, ó infelices, en que ni la hermosura de las poblaciones, ni la fácil comunicación entre los hombres de apartados países, ni la seguridad individual que en el día casi nos garantizan nuestras ilustradas legislaciones, ni una multitud, en fin, de refinadas y exquisitas necesidades ficticias satisfechas podían apartar de la imaginación del cristiano la idea, que procura inculcarnos nuestro sagrado dogma, de que hacemos en esta vida transitoria una breve y molesta peregrinación, que nos conduce á término más estable y bienaventurado.
Mis arreos son las armas,
Mi descanso es pelear,