En efecto, el trono, usando de su prerrogativa, dijo á cada cual en lengua castellana lo que mi tocayo dice en cierta parte: Buona sera, don Basilio, presto andate a riposar; y ya á la hora de ésta deben de ir por esos caminos los señores procuradores á poner en claro para sus comitentes la ley electoral, que así acertarán los unos á entenderla, como los otros á explicarla.

Pero al día siguiente, querido amigo, y cuando creíamos los amigos del ministerio que iba á dar un golpe de estado, sustituyendo á la ley provisional agregada al Estatuto, otra ley provisional, en la cual podía decir ni quito ni pongo rey, pues no es aquélla fundamental, y tan ministro soy yo como el padre mismo del Estatuto, nos encontramos con una Gaceta extraordinaria que dice que se reunirán nuevas Cortes el 22 de marzo, mas no revisoras ni constituyentes, sino sólo para hacer dos meses después lo que éstas debían haber hecho dos meses antes. Á ver si lo entiendes: el ministro dijo, al llegar al artículo que levantó la polvareda: «No me le toquéis, porque de no ser la elección por provincias, habré de tardar dos meses más, y entonces no puedo cumplir mi promesa, porque estoy de prisa». Respondieron las Cortes: «Abajo el artículo»; parece natural creer que el ministro va á echar por el atajo y decir: «No me ahorráis los dos meses; pues en atención á la urgencia, yo me los ahorro»; no, señor, sino que dice: «Me embarazáis dos meses, y os disuelvo para que dentro de esos dos meses veamos si otras Cortes mejores me los ayudan á saltar». En ese caso, pues, ¿para qué disolverlas? Aguantar los dos meses, pues que por todos lados se presentan, y así no serán más que dos; porque si las otras Cortes vienen diciendo erre que erre, entonces serán cuatro en vez de dos.

De suerte que yo por el pronto sólo veo clara una cosa; y es que para el 22 de marzo se reunirán de nuevo en Madrid otras Cortes, uno de cuyos Estamentos será elegido por los electores que elijan los ayuntamientos y mayores contribuyentes; que sus individuos deberán tener doce mil reales de renta, treinta años, y haber nacido ó estar arraigados en la provincia, según el Estatuto. Que estas tales Cortes oirán otro discurso de la corona, y volverán á contestarle; que se volverá á poner sobre la mesa la ley electoral, en atención á que es preciso hacer una nueva, pues que la actual, por la cual van á ser elegidos esos mismos que harán la otra, no vale nada. Que para entonces es probable que empecemos á entendernos, porque es de suponer que Tarragona, Granada y Asturias, no han de reelegir exactamente á todos sus poderhabientes; que se discutirá luego el proyecto de libertad de imprenta, el de responsabilidad ministerial; y demás objetos importantes que el bien público reclame; que para entonces seguramente no tendremos facción, porque estarán al caer los seis meses de la promesa, ó no tendremos ministerio, porque estará caído si no la cumple; que en eso se pasará la primavera y el verano;, que para el otoño se pondrá en vigor la nueva ley electoral; y que mucho antes del día del juicio veremos las Cortes revisoras que engendrarán las constituyentes; y que..., y en fin, que se acabará el mundo, algún día, si hemos de creer las sagradas escrituras, las cuales añaden hablando de eso, que nuestro Señor Jesucristo vendrá á juzgar á los vivos y á los muertos; de los muertos no digo nada, pero ¡vive Dios que si yo fuera quien hubiese de juzgar, ya los vivos estarían juzgados!

Y he aquí, amigo mío (en tanto que descubrimos el del ministerio), descubierto el secreto de la oposición, y explicada un tanto la anomalía de como querían los menos liberales el método más liberal, á saber, porque era el más largo, sin contar con el rodeo que nos hacen dar sus señorías, que por mucho tiempo reposen, ya que tan completa y oportunamente les damos todos las Buenas noches.

Concluiré diciéndote, que hasta la presente estamos tan á buenas noches de ministros como de Estamentos (pues los señores Próceres, sin comerlo ni beberlo, también han callado todos á un tiempo, que era como hablaban, sin que por eso dijesen entonces más que ahora).

El de la guerra está en su elemento: estos días se andaba buscando uno para estado, ó para hacienda, como quieras entenderlo, pero vaya usted á saber dónde estará metido: con respecto al de marina, ya oirías que se trataba de hacer ministro de marina al señor de Galiano, á causa de que habla muy bien; pero como el ministro ha cortado la conversación, dudo mucho que insistan en eso: su excelencia se quedaría hablando con las olas, y diciéndoles el quos ego de Virgilio, y por cierto que lo aprecio demasiado para desearle que le hagan ministro. De todas suertes, no debe de admirar en ese ramo la tardanza, porque así pueden andar buscando ministro para la marina, como marina para el ministro. Hay quien añadía si el de la gobernación ha de mudarse; pero te aseguro que lo tiemblo, porque si cada ministro ha de traer consigo, como ha sucedido hasta ahora, un nombre nuevo y un nuevo reglamento para ese dichoso ramo tan desgobernado, no ganamos para memoria y para membretes impresos.

Sigilo y más sigilo, si he de seguirte escribiendo, no me suceda algún chasco; y en el ínterin que te vuelvo á escribir, que será pronto, recibe las Buenas noches de tu amigo—Fígaro.

DIOS NOS ASISTA

TERCERA CARTA DE FÍGARO Á SU CORRESPONSAL EN PARÍS

Después de mi segunda carta, fecha de 30 de enero, esperé largo tiempo para escribirte, querido Andrés, que ocurriesen cosas dignas de contarse. Pensarás que han ocurrido efectivamente: yo no sé si ha sucedido algo; paréceme otras que no. Pero si no ha sucedido, seguramente que va á suceder, y por si saliera falsa mí conjetura no quiero fiar á la contingencia de los acontecimientos la continuación de nuestra correspondencia. Allá va otra carta á buena cuenta.