Si oyes decir que se abre el Estamento, di que es broma, que quien se abre es don Juan Álvarez Mendizábal.
No habrás olvidado que los ministros de estado y de hacienda, y el presidente del consejo, son don Juan Álvarez Mendizábal, y que los otros ministros no son sino una manera de ser, distinta sólo en la apariencia del don Juan Álvarez Mendizábal. Ahora figúrate el día que el Estamento don Juan Álvarez Mendizábal pida cuentas al ministro don Juan Álvarez Mendizábal...; aquí llaman esto un gobierno representativo: sin que sea murmuración, confieso que yo llamo esto un hombre representativo.
Una vez conocida la buena índole de las elecciones y la idoneidad de esos diversos señores procuradores, ocurrió la duda de si estas Cortes que iban á reunirse vendrían sólo para hacer una ley electoral mejor que la que les confiere su derecho; ó si podrían constituirse revisoras. Quiénes se agarraron á la legalidad, diciendo que esto último sería ilegal; quiénes intentaron probar que lo de menos era la legalidad, y que lo que importaba era la conveniencia. Por fin salimos del atolladero, y parece que no tratarán de constituirse por varias razones. Porque no han sido convocadas para eso. Porque siendo su objeto principal hacer una ley electoral, en virtud de la cual puedan convocarse luego las revisoras, es claro que los demás asuntos que á ellas se sometan, por importantes que sean, habrán de ser subalternos al principal. La nación tiene un cimiento, y necesita una casa: en estas Cortes va á decidir cuáles han de ser las circunstancias del arquitecto que se la puede hacer á su gusto. Por consiguiente, todo lo que sea proceder á construir el que sólo está comisionado para designar el constructor, es hacer la casa y dejar para después el arquitecto: equivale á blanquear después de pintar; es dejar al que venga detrás el derecho de poner en duda la validez de la construcción.
En estas disputas andábamos, cuando otro run run más terrible vino á poner nuevo espanto en nuestro corazón. He aquí que una noche corre la voz de que se va á poner la constitución del año 12. ¡Bravo!, dije yo: esto es lo que se llama andar camino. Aquí no se sabe multiplicar, pero restar á las mil maravillas. Vamos á quién puede más. El año 14 vino el rey y dijo: quien de catorce quita seis, queda en ocho. Vuelvan pues las cosas al ser y estado del año 8. El año 20 vienen los otros y dicen: quien de veinte quita seis, queda en catorce: vuelvan las cosas al ser y estado del año 14. El año 23 vuelve el de más arriba y dice: quien de veinte y tres quita tres, queda en veinte; vuelvan las cosas al ser y estado de febrero del año 20. El año 1836 asoman los segundos, y éstos quieren restar más en grande: quien de treinta y seis quita veinte y cuatro, queda en doce; vuelva todo al año 12. Éstos han pujado, si se exceptúa el del Estatuto, que más picado que nadie cogió y lo restó todo, y nos plantó en el siglo XV.
¡Diantre!, ¡si volveremos todavía á la venida de Túbal! Sepamos primero cómo se entiende nuestro progreso. ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia atrás, ó hacia adelante? Tengamos el cuento del cochero, que, montado al revés, arreaba al coche.
Ya te lo he dicho: tejedores; tejer y destejer. Nadie vende su tela, y nadie hace tela nueva.
Decían ellos que el volver atrás no era más que tomar carrera. ¡Dios los bendiga, y qué larga la toman!
Vamos claros. La constitución del año 12 era gran cosa en verdad, pero para el año 12: en el día da la maldita casualidad de que somos más liberales que entonces: si te he de hablar ingenuamente, á mí me parece poco.
Las circunstancias del año 12, la guerra que sosteníamos apoyada en el fanatismo popular, y el mayor atraso de la época, exigieron concesiones en el día no necesarias, ridículas.
En ellas hablan las Cortes en nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo: gran principio para una novena: buena es la devoción, pero á su tiempo: eso es adoptar, heredar de la monarquía el derecho divino: la sociedad puede servir á Dios en toda clase de gobiernos. El Supremo Hacedor no delega facultades temporales ningunas, ni en un soberano, ni en un congreso; la sociedad se hace ella misma por derecho propio sus reyes y sus asambleas. Cristo vino al mundo á predicar, no á redactar códigos. Á Dios daremos cuenta de nuestras creencias, no á los hombres: reflexión igualmente aplicable al capítulo II, artículo 12, porque el Salvador quiso convencer, no obligar, porque no quiere más homenajes que los voluntarios.