—Yo pensaba dar razones y probar...
—No, señor, no pruebe usted nada. ¿Usted se quiere perder? Diga usted, ¿qué señas tiene el adversario de usted? ¿Es alto?
—Mucho; se pierde de vista.
—¿Tendrá seis pies?
—Más, más: hágale usted más favor... pero ¿qué tiene que ver eso con la cuestión de tabacos?
—¿No ha de tener? Empiece usted diciendo que su artículo de usted es bueno: primero porque él es alto.
—¡Hombre!
—Calle usted. ¿Ha escrito algunas obras?
—Sí, señor: en el año 97 escribió una comedia que no valía gran cosa.
—Bravo: añada usted que usted entiende mucho de tabacos, fundado en que él hizo el año 97 una comedia...