¿Nos permitirá el autor que no convengamos con él en una cosa? El calor, sin duda, de su imaginación poética le lleva á formarse á veces una sociedad ideal, donde sólo considera virtudes y vicios, perfecciones y defectos personificados, y situaciones posibles de efecto; esto le aparta de la pintura verdadera de la sociedad en que vivimos: queremos decir, que tanto en la Marcela como en ésta, los desenlaces no nos parecen naturales. Al fin, en Marcela, no hay otro inconveniente contra los usos sociales que el declarar en público á sus amantes lo que sólo puede uno oir en particular; porque si una mujer tiene derecho á no corresponder á un hombre, no le tiene para ponerle en ridículo sólo porque la ama. En Un tercero en discordia es menos verosímil, porque al fin, si una mujer es tan imprudente que despide en público á sus amantes, ¿qué pueden hacer éstos con una señora sino respetarla? Pero Luciana encarga á su elegido, lo cual es poco delicado, que desengañe á los otros: don Rodrigo lo admite, aunque obligado, y los dos sufren. Esta última parte es la imposible, y en corazones bien puestos sólo de una manera puede desenlazarse. Por otra parte, el señor Bretón insiste en colocar siempre á las mujeres en una posición en que no están en el día en nuestra sociedad: no son ya las reinas del torneo, como en los siglos medios: nadie se sujeta á esos jurados, á esas competencias: más; el hombre desama á la mujer, como la mujer al hombre, y en esto felizmente somos iguales. Todo hombre bien educado es deferente con las señoras; pero las señoras no están por eso exentas de guardar consideraciones al sexo fuerte: la sociabilidad es recíproca. Mucho sentiríamos que no fuese el autor de nuestra opinión.
Acabaremos este rápido juicio con una observación. En nada brilla más el singular talento poético del señor Bretón, que en la sencillez de sus planes; en todas sus comedias se conoce que hace estudio y gala de forjar un plan sumamente sencillo; poca ó ninguna acción, poco ó ningún artificio. Esto es sólo concedido al talento, y al talento superior. Una comedia llena de incidentes que cualquiera inventa, es fácil de hacerla pasar á un público á quien siempre cautivan el interés y la curiosidad.
El señor Bretón desprecia estos triviales recursos, y sostiene y lleva á puerto feliz entre la continua risa del auditorio, y de aplauso en aplauso, una comedia apoyada principalmente en la pintura de algunos caracteres cómicos, en la viveza y chiste del diálogo, en la pureza, fluidez y armonía de su fácil versificación. En estas dotes no tiene rival, si bien puede tenerlos en cuanto á intención, profundidad ó filosofía.
Alguna palabra exótica tildaríamos en Un tercero en discordia; pero ¿qué son esos pequeñísimos lunares en una comedia que ha sido muy reída, y que han coronado los aplausos del auditorio? Damos el parabién al señor Bretón por este nuevo lauro adquirido, y nos le damos á nosotros mismos.
En los actores se ha notado un zelo extraordinario; demasiado zelo, si éste puede ser demasiado alguna vez. El artificio del actor consiste en ocultar su zelo y su esfuerzo, y dominar su habilidad hasta reducirla al punto de la verdad imitada. En el mundo no se observa nunca que cada uno quiera hablar, andar, reir y manotear para arrancar aplausos á los que van por la otra acera; todo esto se hace naturalmente, y el no haberlo hecho así es el defecto general que en toda la comedia hemos notado. ¿Podríamos decirle al actor encargado del papel del padre, sin que se ofendiese, que cuando uno de esos hombres significativos en su acción desabrocha á otro y le escribe en la ropa, lo hace por un efecto de distracción, y por consiguiente lo hace como quien no hace nada, no se ríe de su misma manía, no escribe en lo interior de la camisa, metiéndole todo el brazo en el cuerpo, sino sólo en la solapa; no mira las prendas que aja, sino á los ojos de su interlocutor, porque si las mirara, las vería, le chocarían á él mismo y se avergonzaría? ¿Á su interlocutor don Rodrigo le podríamos decir que cuando un fracaso de ésos sucede, no se hacen extremos, sino que sólo en la cara se da á entender, lo menos que se puede, la mortificación? ¿Llevará á mal que le advirtamos que en la sociedad nunca se vuelve uno al público á decirle lo que piensa, porque en la sociedad no hay público; y que en la comedia, que es un remedo de las costumbres, no se debe declamar como en un melodrama lleno de exclamaciones y asombros, sino hablar naturalmente?
Al zeloso le diríamos que el deseo de marcar su papel le ha hecho confundir alguna vez los arrebatos de un amante desconfiado con el furor de un marido zeloso: un amante, sobre todo en los principios, aunque tenga muchos zelos, modera algo más que un marido su genio, porque puede perder la posesión que no ha logrado aún, y que éste tiene ya asegurada. No se produce con dominio, sino con reconcentración; reconviene, vilipendia, injuria, si es preciso, pero nunca habla con los puños cerrados: las transiciones sobre todo del furor al cariño son más marcadas. Nada más tierno y sumiso que un amante zeloso en sus lúcidos intervalos.
Hemos dicho ya que los actores no deben acordarse de que existe público: por tanto nos ha chocado extraordinariamente que la actriz ama de gobierno haya hecho cortesías al público al recibir aplausos. Buena es la política, pero á su tiempo.
Hemos notado en general que gritan demasiado algunos actores, sobre todo cuando creen que lo que dicen debe llamar la atención. En otra ocasión hemos dicho ya que el querer dar valor á las frases suele quitárselo: en realidad es suponer que el público es sordo ó muy torpe; ambas cosas son desagradables. Dolorosísimo nos es haber de encontrar defectos; todo lo más que podemos hacer es escribir nuestra crítica con decoro, y apoyándola siempre en razones; pero si la obligación del actor es representar bien, la del crítico es juzgar bien é imparcialmente. En compensación diremos con placer que hemos visto á la par aciertos, y que, segregados los defectillos que hemos notado, esta comedia se ha representado mejor que otras; el barba sobre todo ha dado el color verdadero á su carácter, si se le perdona la exageración; y los lunares de los demás actores no merecen que alarguemos este artículo con nuevas observaciones.
REPRESENTACIÓN DE
LA MOJIGATA
COMEDIA