La misma inculpación pudiera hacerse con respecto á alguna escena harto prolongada: las pasiones tienen un límite, una expresión última, después de la cual nada se puede escribir que no sea para descender. Por ejemplo, después de haberse arrojado Inés á los pies de su amante, después de hacerle locamente dueño de su albedrío, ¿qué les quedaba que hacer?, ¿qué les quedaba que decir? Aquella escena pudiera haberse cortado allí en obsequio del mayor efecto. En el desenlace se olvida el poeta de que tiene esperando á la puerta á la madre, y prolonga igualmente demasiado la escena del descubrimiento del amante y del desmayo de Inés.
Sensible nos es haber de encontrar defectos; pero en primer lugar es sabido que el crítico no puede dejarse alucinar como el espectador por las impresiones fugitivas; su deber es escudriñar, su primera obligación la imparcialidad. En segundo lugar, si en esto puede haber algún riesgo para el escritor, no será seguramente cuando recae en un hombre del talento y el buen juicio del señor Martínez. Sólo se ofende de la crítica severa el que no es capaz de dejarla de merecer nunca. El talento superior la desprecia cuando es injusta ó parcial, caso de que nos parece estar muy distantes; y sabe darle su valor, y aun apreciarla, cuando es sincera, noble y de buena fe.
Después de esta breve indicación de los lunares que, á nuestro modo de entender, oscurecen el mérito de la Niña en casa, y que apuntamos con harta desconfianza de nosotros mismos, entraremos con más placer á encomiar lo mucho que en ella encontramos superior. El carácter de la madre es excelente y sostenido: el de Inés es delicado, tierno, profundo, está tocado con una maestría encantadora: el de Teodoro era el más fácil de escribir, y sin embargo nosotros nos contentáramos con que el actor encargado de él le hubiese representado con igual tino que el autor le ha escrito. Los medios de seducción empleados por el criado de Teodoro, y sobre todo por la criada de Inés, son un modelo en su género. Del lenguaje nada diremos, porque el elogiarle como un mérito extraordinario en el señor Martínez, sería suponer que podía no haber sido excelente: esto sería hacer una ofensa á este poeta, uno de nuestros mejores hablistas, delante de quien hablaremos y escribiremos siempre, en este particular, con respeto y con envidia. La versificación difícilmente pudiera ser mejor, y el diálogo, generalmente animado y cómico, está salpicado de chistes del mayor gusto. Presiden á él siempre la cultura y el conocimiento de la fina sociedad. En toda la comedia se descubre al filósofo, al poeta cómico, al conocedor del hombre, en fin, á quien pocos pueden igualar en ese tino con que se apodera del corazón y le conmueve con una palabra sola á veces, con un solo ¡ay! El público, al aplaudir esta comedia, no hace más que tributar una justicia de que ya había dado pruebas en otras ocasiones.
ESPAGNE POÉTIQUE
CHOIX DE POÉSIES CASTILLANES DEPUIS CHARLES-QUINT
JUSQU'À NOS JOURS
MISES EN VERS FRANÇAIS
Avec une dissertation comparée sur la langue et la versification espagnoles,
une introduction en vers et des articles typographiques,
historiques et littéraires
PAR DON JUAN MARÍA MAURY
Ouvrage orné de plusieurs portraits.
Hubo un tiempo feliz para nuestra patria, en que supo en armas, en política, en letras, dar la ley al mundo. Cuando es llegada para una nación la hora de la gloria, parece que se complace el cielo en acumular lauros de todas especies sobre su generosa frente. Tocóle á la España esta época, y sublimóse á un grado de esplendor que ya difícilmente alcanzará ni ella ni pueblo alguno. En un mismo siglo expulsaba heroicamente de su profanado suelo los restos de la opresión dominadora que, por espacio de ocho largos siglos, la avasallara, y hacía ondear el estandarte de la cruz sobre las mezquitas de la media luna: extendía el poder de sus armas victoriosas por gran parte de la Europa: no contenta con tremolar el pabellón español en las tres partes del mundo conocido, vínole éste estrecho á su gloria, y lanzóse al vago inmenso del Océano, buscando mundos nuevos que conquistar. Roma, Méjico, Lepanto inclinaron sucesivamente la cerviz humillada bajo su poderoso cetro: no le bastaba tampoco el dominio de la fuerza; no le satisfacía que el sol no se pusiese nunca en sus dilatados términos, era preciso que el ingenio español desplegase también su poderío, y concluyese la conquista de las armas. Á la sombra de los ganados laureles nacieron y crecieron hombres que previnieron é inutilizaron para la patria los posibles rigores del olvido. Lope y Calderón no fueron efectivamente nuestras glorias menores. Si cuando circunstancias de doloroso recuerdo hicieron degenerar después á la España, quedaron sus grandes hechos consignados en la historia, para servir de eterna reconvención á las degradadas generaciones posteriores, los escritos de nuestros grandes hombres permanecieron como blanco perpetuo de envidia para los que después de ellos habían de venir.