¡Ah! se me olvidaba; el discurso de la corona ha gustado generalmente; es tan bueno que es de aquellas cosas que no tienen contestación; á lo menos hasta ahora nadie se la ha dado. Se asegura sin embargo que la están pensando á toda prisa.
Díceme que viene vuesa merced á Madrid. Si está pronto á presentar sus cuentas á Dios, venga cuanto antes. Si viene á pretender, ó ha tenido empleo y ha sido emigrado en tiempo de la constitución, no hay para qué. Si es carlista puede venir seguro de adelantar algo, que carlistas, y muchos, encontrará en buenos destinos, que le favorezcan: preguntaráme tal vez si no los quitan; ¿para qué, si andando el tiempo ellos se irán muriendo? Si viene á oir las discusiones estamentales, en buen hora, por lo que respecta al Estamento de Procuradores; pues en el de Próceres han encaramado al público en un camaranchón estrecho y cortilargucho, según dice la Pata de cabra, como si no quisieran ser oídos. Se está allí tan mal como en el teatro de la Cruz ó en un concierto de guitarra. Han arrinconado igualmente en un ángulo del techo á los taquígrafos, de tal suerte que parecen telas de araña.
Muy alto piensan hablar si desde allí les han de seguir la palabra.
No sé si me dejo algo á que contestar; si así fuese, en otra carta irá, pues á la hora que es ando de prisa por tener que formar una lista de los señores procuradores que no han llegado aún, y otra de los cordones sanitarios inútiles que hay en España, que cogerá algunos pliegos.
Quedo, pues, rogando, señor bachiller, que los facciosos de las gavillas que hace un año se están destruyendo todos los días completamente, no intercepten por esas veredas esta carta, y que la administración de correos, tan bien montada en este país, no la incomunique para diligencias propias, ó no se la mande por América, así como recibimos, por qué sé yo dónde, la correspondencia de Francia, merced á las victorias no interrumpidas que nos tienen expedita la carretera principal.
De vuesa merced, señor bachiller, atento servidor.
P. D. No se le importe á vuesa merced un bledo de las venidas de don Carlos á este país, pues que la cuádruple alianza está contratada para su conducción fuera de la península, cuantas veces se le hallare; porque en lo de dejarle venir, coja vuesa merced el texto y verá como nada hay tratado, además de que mal pudiera la cuádruple alianza sacarle de la península si él no viniera.
SEGUNDA Y ÚLTIMA CARTA DE FÍGARO
AL BACHILLER SU CORRESPONSAL DESCONOCIDO
¿Querrá creer vuesa merced, señor bachiller, que han encontrado malicia en la primera carta que le escribí, y cuya publicidad de ninguna manera he podido evitar en esta corte? De todo tiene la culpa el empeño que manifiesta de no tener nombre conocido, ni domicilio sabido, precisamente en unos tiempos en que las cosas todas se vuelven nombres. ¿No repara vuesa merced cómo una cosa se llama regeneración, otra reformas, otra estamentos, aquélla de más allá libertad, esotra representación nacional? ¿qué más? Cosa hay que se llama seguridad individual, y ley, y...
¿Qué le costaba á vuesa merced ponerse un nombre, y más que vuesa merced no sea nada en sustancia tampoco? Así evitaríamos el que se anduviese todo el mundo leyendo lo que le escribo y murmurando de ello de corrillo en corrillo, ni más ni menos que si yo dijera todo lo que hay que decir, ó todo cuanto en el caso me ocurre.