Pero en esta carta, que será la última, yo le juro á vuesa merced por la racional libertad de que gozamos (y es todo un juramento), que quiero que me hagan ministro si me consiento á mí mismo la más leve chanza sobre cosa de gobierno, ó que por lo menos lo parezca. No sino ándeme yo en chanzas, y bregue con el censor, y prohíbame el escribir más á mis amigos, que será arrancarme el alma, sólo porque él reciba sueldo del gobierno é instrucciones, y yo del gobierno ni quiera lo uno ni necesite lo otro; y préndanme bonitamente, y quédense con el por qué por allá, y... No, señor: si vuesa merced quiere divertirse con mis cartas, dígame quién es, y lo escribiré en sesión secreta; todo lo más que puede suceder es que abran la carta; pero entonces, ya, señor bachiller, que la prohíban. Ésta, pues, sobre ser la última, no encerrará reflexión ni broma alguna, tanto por las razones dichas, cuanto porque Dios sabe, y si no lo sé yo, que no tengo para gracias el humor: en punto sobre todo á gobierno haré la del loco con el podenco. «Quita allá que es gobierno». Hechos no más en adelante; y si á los hechos lisa y llanamente contados les encuentran malicia, no estará en mí, sino en los hechos ó en el que los leyere; entonces malicia encontrarían hasta en una fusión cordial del Estamento y del ministerio.

Corren voces de que un ministro va á hacer dimisión; pero no lo crea vuesa merced; ésas son bromas: lo mismo están diciendo hace dos meses de otro, y pasa un día, y pasa otro día, y en resumidas cuentas no pasan días por él.

En el Estamento de Próceres ya sabrá vuesa merced que la contestación al discurso del trono fué cosa muy bien escrita; fué un modelo de lenguaje y de elegancia castellana; es uno de los trozos más correctos que posee la lengua.

De la de Procuradores nada tengo que contar á vuesa merced, sino es que en este momento no es oportuno que use el hombre el don de la palabra con que le distinguió su divina Majestad de los demás animales. Lo que urge por ahora es que cada uno calle lo que sepa, si es que no lo quiere decir en un tomo voluminoso, que entonces, como nadie lo ha de leer, debe el hombre ser libre; pero decirlo todas las mañanas en un periódico, eso no. El don de la palabra es como todas las cosas; repetido diariamente cansa.

Los jurados no son para este momento; no hay cosa peor que jurar, y si es en vano peor que peor. En eso va de acuerdo el partido ministerial con el padre Ripalda. Se ha convenido por ahora en que los españoles somos muy brutos para decir lo que pensamos; y más para que nos juzguen en regla.

Sabrá vuesa merced cómo se ha determinado que la legislación nuestra no es absurda.

¿Querrá vuesa merced creer que se ha lucido la Cataluña? Los señores procuradores por aquella provincia se han plantado con 29. Llegaban á Martorell el 28, habiendo salido de Barcelona el 22, que es caminar; al llegar allí supieron lo del cólera por más que aquí no se lo contamos á nadie, y oficiaron diciendo que eso no era regular: efectivamente, es más fácil que vaya la nación toda á Martorell, que no que venga todo Martorell á la nación. ¡El uno, figúrese vuesa merced que ya iba de aquí escamado de lo de Vallecas! Eso de representar ha de ser donde á uno le coja, porque andarse de ceca en meca para dar representaciones nacionales, eso fuera ser procurador de la lengua. Si la patria tiene urgencia que se la pase, más vale un mal procurador de Cataluña que cuatro buenas patrias. Un procurador catalán, á imitación de García del Castañar, no dará por todas las grandezas de la corte ni un dedo de Martorell.

Ya sabe vuesa merced cómo estaban presos dos individuos sobre lo de aquella grandísima conspiración que dicen que ha habido; como no les han encontrado delito, los han desterrado uno á Badajoz, y otro á Zaragoza: parece que han representado, pero sus representaciones son como las de Cataluña, que nadie las oye.

Según los estados sanitarios que ahora nos da la Gaceta médica, resulta que sin haber habido cólera en Madrid, como ya dije á vuesa merced, han muerto de él unas cuatro mil personas y pico, sin que se pueda saber cuál es el pico. Por ahí verá vuesa merced si la enfermedad es traidora.

Ha de saber vuesa merced que en Madrid son los cordones sanitarios y las medidas de aislamiento la cosa más mala del mundo. Por eso no se han usado. Pero á catorce leguas de Madrid no hay cosa mejor. Así es que en Segovia se separa al enfermo de su familia: se lleva á ésta á una barraca, se tapian las casas y las calles, se queman las ropas, ¡qué sé yo! ¡Hay enfermedad más rara y más variable! Parece un periódico. ¡Aquí epidémica! ¡Allá contagiosa! ¡Válgame Dios!