¡Mire vuesa merced el telegrafito y el consuelito de Bayona y las cartas de Londres! Ahora salimos con que es don Carlos el que está en Navarra. Créase vuesa merced después de los cónsules, y de telégrafos, y de cartas de Londres.

¡Ah! ¿Sabe vuesa merced quién es ministerial?... La Abeja. Aquella Abeja... En una palabra, la Abeja.

¿Sabe vuesa merced quién es el periódico de la oposición? La Revista. Ello nos cuesta un ojo de la cara. El gobierno, de resultas, ha recogido cuantas suscripciones y auxilios prestaba; hasta ha habido persona que ha devuelto su ejemplar particular sin leerle, que ha sido lástima. Desde entonces parece que ha tenido mano de santo, porque la suscripción sube que es un contento. ¡Cómo ha de ser! Ya sabe vuesa merced que somos buenos cristianos. Así es que lo llevamos con bastante resignación.

Perdone vuesa merced, porque he oído llamar à mi puerta. Acaso vengan á prenderme ó á llevarme á Zaragoza. Así como así no debo de estar muy cuerdo. Por lo tanto, señor bachiller, felicidades, y póngase un nombre. Cuando la misma Revista se ha puesto el suyo, bien podrá conocer que no es tiempo ya de andarse con anónimos y secretitos.

P. D. ¿Ha leído vuesa merced el Pobrecito Hablador? Yo le publicaba en tiempo de Calomarde y de Zea: ahora como ya tenemos libertad racional, probablemente no se podría publicar.

MODAS

Deseamos con impaciencia que la absoluta desaparición del cólera vuelva á traer al seno de esta capital las elegantes que el miedo nos ha robado, y que la animación de una época más feliz haga renacer la apagada coquetería de las bellas que permanecen todavía casi aisladas en medio de esta gran población. Vacíos casi los teatros, desiertos los paseos, suspendidas las sociedades, ¿adónde iríamos á buscar la moda?—Sólo podemos hacer algunas indicaciones generales acerca de los caprichos, más ó menos fundados, de esa diosa del mundo, que así avasalla los trajes y peinados como los gustos y opiniones.—Es de moda, por ejemplo, en la ópera, la señora Campos; así es que apenas hay noche que no se la aplauda. No es menos de moda el sorbete de arroz, ni menos insípido tampoco.—Está decididamente en boga reírse todos los días de los gestos espantables del señor Género, quejarse del gobierno, y asombrarse de la inacción de los estamentos. Estas tres modas durarán probablemente más que el talle largo.

Hacen furor los oficios de próceres y procuradores imposibilitados: es por cierto cosa furibunda. Al cabo de algún tiempo sucederá con estas imposibilidades de asistir, lo que sucedía el invierno pasado con los capotes forrados de encarnado, que no había barbero sin capote: á este paso dentro de poco no habrá representante sin imposibilidad. Es de esperar, sin embargo, que esta moda de poco gusto y de menos patria se proscriba, como se proscribió para siempre el escote exagerado de las mujeres, al cual se parece en presentar desnudas cosas que deben siempre estar tapadas.—Empiezan á estilarse mucho los artículos de oposición: se asegura que hacen bien á todos los cuerpos. Algunos se ven, sin embargo, que hacen tan mala cara al Estamento, como los ferronieres de metal á las señoras, que las desfiguran todas y hacen traición á su hermosura; en este caso están los de hechura llamada á la sesión secreta. Lo más raro es, que, según parece, esos artículos salen fabricados del mismo Estamento, no porque sea la mejor fábrica, sino por estar allí las primeras materias y la mano de obra. Esa moda no nos gusta: se semeja un tanto cuanto á la falda corta en no ser la más decorosa.

Los artículos ministeriales, que algunos seudo-elegantes quieren introducir, no se acreditan. Son como los peines altos, que sólo sirven para que se vea venir desde lejos á quien los usa, y para dar una elevación ridícula á la persona. Hay, sin embargo, un regular surtido al uso de los pretendientes, en la fábrica-colmena de la Abeja, imprenta de don Tomás Jordán. Aunque es moda nueva, se venden baratos, sin duda porque la gente de gusto no los gasta. Es moda anti-nacional como los sombreros de señora: así es, que por más flores que se les pongan, no se saben llevar, con paciencia, se entiende. Estas dos modas últimas, exageradas, como algunos las llevan, no nos parecen del caso; los ministeriales no hacen buena figura, y los de oposición pueden llegar á hacerla mucho peor. Con cierta medida todo es bueno.

Se siguen estilando las sesiones cortas, muy cortas, como si dijéramos, á media pierna: en esto se dan la mano con los vestidos de maja: así es que se suelen dejar lo mejor en descubierto.